– Relatos –
EL ESPEJO DESCONOCIDO
Esto que voy a contarles no es una invención mía, sino todo lo contrario, se trata de un hecho contrastado que he ido observando y percibiendo en mi propio rostro.
Cuando me levanto por la mañana, mi espejo es benevolente conmigo. Piensa con razón que es normal que tenga esa cara, todavía no he pasado por el proceso de reestructuración mañanero, una limpieza y unas cuantas pinceladas aquí y allá (no creo que alguien a estas alturas se rasgue las vestiduras al escuchar detalles de estos rituales diarios). Luego llega su agradecimiento y hasta me sonríe. Todo bien. Estamos en paz. Y así los días se van sucediendo sin problemas.
El problema se presenta cuando me traslado a un hábitat extraño, como puede ser un hotel, otra casa familiar, unos grandes almacenes. Ahí me topo con el Espejo Desconocido. Éste no sabe lo que es la consideración ni tiene sensibilidad alguna ante el original de su reflejo. Se muestra implacable, haciéndome ver con crudeza todo lo que su afable homólogo ha intentado disimular: esas nuevas y diminutas arrugas que todavía no había descubierto, esas manchas que – oh, ¡¡¡¡qué horror!!! – no conocía. Y sigo mirándome y preguntando por qué esta desconocida que, hasta no hacía mucho tiempo, aparecía solo en algunos momentos de cansancio o agotamiento, ahora se va apropiando cada vez más de mi, ocupando un lugar que no le corresponde y suplantando a la otra.
Los cambios que se van produciendo en mi rostro y en mi cuerpo, me los va mostrando poco a poco, lentamente, sin sobresaltos, para que me vaya habituando. Ese es mi espejo conocido, mi espejo precioso, comprensivo, querido. Me entiendo perfectamente con él.
Afortunadamente reacciono pronto, no estoy dispuesta a que me amargue el día, no faltaba más. ¡Estoy Viva! y tengo ganas de seguir estándolo. Lo demás… no importa. Tengo que olvidarme de ello. En un arranque de valentía le saco la lengua y apago la luz. Y es en esa penumbra cuando recupero mi equilibrio. Una vez todo en orden conmigo misma, salgo al mundo con una sonrisa – que siempre es aconsejable tener a mano- dispuesta en mis labios, elemento imprescindible para seguir dando guerra.
Creo que todas y todos podemos sentirnos totalmente identificados con este relato🤭
Me gustaMe gusta
Está muy bien descrito , exactamente lo quee pasa a mi .
Me gustaMe gusta