– Relatos –
LA PRIMERA NOCHE
Cuando la noche obscura del invierno empezó a cubrir el cielo con su turbador sigilo, ELLA cerró con doble llave su puerta, dejando ésta inserta en la cerradura para mayor seguridad. Se inclinaba a creer que de esta forma añadía una dificultad a quien tratase de entrar en su casa.
Anteriormente nunca se había preocupado ni interesado por este asunto, el ruido que generaba una casa llena de gente no concedía ningún espacio a miedos extraños. Y aunque poco a poco la casa se iría vaciando, ÉL siempre estaba ahí, con sus ruidos, sus idas y venidas, sus llamadas. Ahora tras su muerte, el silencio espeso se había apoderado de todas las estancias. Un silencio que se propuso combatir y ahuyentar llevando el sonido de la radio por todos los rincones, empeñada en que la casa volviese a recobrar un poquito de la vida que había escapado.
Sin embargo, esa primera noche en su cama, por muy extraño que parezca, ese silencio denso y a la vez silente se fue poblado de pequeños ruidos desconocidos en los que jamás había reparado: los crujidos de los muebles del dormitorio. Parecía que se les hubiera otorgado voz para quejarse. Cuando el armario se cansó, la cómoda lo remplazó y la mesita, aunque más suave, tampoco dejo de emitir su suave gemido. Ellahundió la cabeza en el edredón para poder amortiguar estos sonidos que, pese a no ser escandalosos, le impedían relajarse y permitir que el sueño acudiera en su auxilio. Sin embargo, esa primera noche, la desazón no se detendría ahí. Cuando los murmullos de la madera se agotaron, su oído empezó a percibir el sonido de unos pasos suaves, lentos, pero que se acercaban sin demora a la puerta entreabierta de su dormitorio. El corazón, convertido en un caballo salvaje, se le desbocó. Los latidos eran tan fuertes que se mezclaban con el eco de los pasos que cada vez sentía estaban más cerca. Encogida en la cama, esperó… seguía oyendo, si bien no apareció nadie, esperó un poco más… hasta que se atrevió, primero a sacar la cabeza, luego el brazo, y por fin extendió la mano y encendió la luz de la lamparita. El resplandor luminoso consiguió que toda la habitación recuperase la normalidad. Miró hacía la puerta entornada, las sombras no vaticinaban nada bueno pero la luz había ahuyentado el ruido sordo de los pasos.
Sentada en la cama, intentó infundirse valor. Reflexionó sobre esa actitud suya de dejarse paralizar por el miedo. Pensó que lo inteligente sería armarse de coraje y salir al pasillo para comprobar que no había nadie en la casa, y acabar cuanto antes con esta situación que la tenía con los nervios a flor de piel. Consiguió entonces desprenderse del amparo de su cama, decidida a enfrentarse a las tinieblas. Quería convencerse de lo que en su fuero interno intuía, que ningún extraño podría haber entrado. Fue pulsando todos los interruptores para que la electricidad expulsara así a las sombras de sus escondrijos, mostrándole a Ella que efectivamente la casa estaba completamente vacía, y sólo el silencio, una vez más, se había hecho dueño de las habitaciones.
Volvió más tranquila al refugio de su lecho. Sin embargo no apagó la luz, sabía que el sueño tardaría en llegar, prefirió coger un libro. Siempre tenía uno a mano en la mesita para despojar a la espera de la angustia y que ésta resultara más amena.
Que maravilla que manera de relatar todos los acontecimientos, me encantan todos los relatos,no sabría con cuál quedarme, enhorabuena sigue siendo tan maravillosa
Me gustaMe gusta
Gracias Lina , me agrada que te gusten todas esas historias.
Me gustaMe gusta
Me a recordado tanto a cuando vivía sola! Que bien has relatado lo que se siente algunas noches..👏🏼💪🏼
Me gustaMe gusta