– Relatos –

 

             LAS  NAVIDADES A TRAVÉS DEL CELULOIDE     

-¡ Cheeencho…!!!  Este grito roto acompañado de los acordes musicales pertinentes, nos trasladan a esa Plaza Mayor abarrotada de un Madrid de los años sesenta en los días previos a la navidad. Seguramente todos ustedes sabrán a qué película me refiero. ¡Exactamente ¡ a esa Gran Familia que perdió a su pequeño en uno de esos mercadillos navideños. Ese abuelo enternecedor con voz ronca, que interpretaba magistralmente José Isbert,  y que conseguía que las lágrimas afloraran raudas y presurosas a nuestros ojos.

         Eran los tiempos, en los que  toda la familia en horario de tarde, sentados ante el televisor, veían la primera cadena en blanco y negro, la única de entonces… bueno también estaba la “2 “pero ésta se veía menos en reuniones familiares. Se trataba de una película de obligado cumplimiento, de las que no podían faltar en las fiestas navideñas.  La  esencia de esas navidades eran las reuniones en  familia. Y aunque ya habían aparecido los árboles de navidad, primaban sobre todo los belenes. Nuestro tren de vida era diferente y  aún no nos había invadido la fiebre de las compras. Las familias aprovechaban esos días festivos para visitarse.  Y se tocaba la zambomba y se cantaban villancicos. Se comía mantecados, alfajores, polvorones, turrones, mazapanes, pastelitos de gloria, sin olvidar el acompañamiento de la copita de anís. También se  jugaba a las cartas, al dómino o a cualquier otro juego de mesa.

         Otra película  nuestra maravillosa aunque en esta ocasión dirigida a un público adulto y que versa sobre este tema, es “Plácido”. Un retrato social  donde los personajes viven situaciones esperpénticas esa Noche Buena, algo que reflejaba con gran maestría Berlanga. No es nada lacrimógena pero tan dura que  se te encogía el corazón, sufriendo a la par que el pobre Plácido interpretado por Casen, que nos tenía entonces acostumbrados a personajes esencialmente cómicos.

         También en estas entrañables fiestas, empezamos a ver una proyección extranjera  que después se convertiría en un clásico. Conseguía que  vertiésemos algunas lágrimas, y aún hoy, en esas fechas, se sigue pasando en alguna cadena. Me refiero a   “Qué bello es vivir”. Una loa que  destaca por encima de todo los  valores tradicionales de  la familia y de la amistad.  Se puede interpretar como un hecho curioso  la fuerza  que el cine americano ha tenido y continua teniendo en nuestras vidas, consiguiendo que vivamos esos valores morales con películas que se filmaron muchos  años atrás.

         Más tarde llegarían las cadenas privadas con sus películas en color. En esas navidades  no podían faltar, en primer lugar, la nieve, el inmenso árbol navideño muy recargado, Papa Noel  o  Santa Claus. Y por supuesto las galletas de jengibre. Éstas últimas no han logrado tan rotunda invasión  como el resto de elementos. Seguimos prefiriendo nuestros productos navideños.

         El árbol y Papa Noel han conseguido hacerse un hueco en nuestras navidades. Los dos conviven con nuestras tradiciones: el árbol con el belén proporciona un aire más festivo al salón de la casa. Y Papa Noel, pese a que no sea nuestro, nos enternece con su barriga, – que una no se explica cómo puede trepar por las escaleras -, y ha logrado  hacerse simpático con su aparición anunciando la Navidad fuera y dentro de los grandes almacenes.   Quizás  lo más importante es que no le ha arrebatado ningún protagonismo a nuestros Reyes Magos. Quienes han salido ganando son los niños que reciben un pequeño regalo extra esa Noche Buena, aunque los obsequios importantes, esos siguen  siendo un trabajo de los tres Reyes.

          Y por supuestos no podemos olvidarnos de  los cuentos navideños.

         “Míster Scrooge”  en dibujos animados, emitido sin falta durante muchos años siempre el día de Navidad, mantenía a los pequeños y mayores pegados en sus asientos, viviendo con angustia el desfile de fantasmas del presente, del pasado y del futuro que visitaban a ese avaro. Comenzaba siendo odiado por su  mal hacer con su sobrino.  Pero conforme el hombrecillo es invadido por todos estos seres del más allá, su angustia y sufrimiento transmitido especialmente a los absortos peques de la casa, consigue el perdón de sus televidentes una vez acontecida la transformación de Míster Scrooge en una persona buena que  ahora ama la Navidad. La alegría de este personaje es compartida y profundamente sentida  por todos los que le acompañan al abrigo de este día mágico.  

         Pronto nos asaltaran infinidad de películas dedicadas a la Navidad, la mayoría son insulsas y nos abruman con sus mensajes de buenos deseos, pero, pese a toda esa parafernalia que acompaña estas fiestas, mientras haya niños que crean en la magia y mayores que aparquen sus frustraciones y sean capaces de compartir esos días en familia o con amigos, la Navidad seguirá teniendo ese halo de esperanza que producen las cosas buenas de la vida.

6 Comentarios

  1. Avatar de Andrea Andrea dice:

    La gran Familia! Me encantaba desde pequeña! Trasmite un gran calor familiar y más en esta época🙏🏼💞

    Me gusta

  2. Avatar de Desconocido Silvia dice:

    Cómo disfrutábamos de esas navidades y lo importante que era el cine en nuestras vidas y más en una época en la que para ver una película, tenías que esperar hasta el sábado por la noche.🤩

    Me gusta

  3. Me alegro que te haya gustado🙏

    Me gusta

  4. Me alegro que te haya gustado 🙏

    Me gusta

  5. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    No me gusta la Navidad…. Ahora empieza demasiado pronto, espíritu consumista y la nueva moda de que cuidad pone el árbol más grande y más iluminado…. Prefiero las de mi infancia y adolescencia…. Menos regalos pero más union… El relato las describe muy bien.

    Me gusta

  6. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Me alegro que este relato te haya devuelto por unos minutos a las navidades de tu infancia 🙏😘

    Me gusta

Deja un comentario