– Relatos –

  EL VIAJE DE LAS AVISPAS

 La mujer se esmeró esa mañana en que las cuatro trenzas quedasen perfectas y aguantasen cualquier movimiento de la niña: las de arriba, sujetas con unas cuantas horquillas, se unían formando una corona alrededor de la cabeza; las de abajo se las recogía componiendo dos aros curvos que adornó con unos lacitos blancos.

          La pequeña soportaba estoica lo que para ella era un martirio cada vez que la madre decidía hacer lo que denominaba “su obra de arte”.  En cambio, si le gustaba el vestido que iba a lucir hoy: blanco con bordados de florecillas azules en la parte del cuello y en las mangas cortas, que terminaban en una especie de volante; completaba su atuendo unos zapatos blancos acompañados de unos calcetines de media caña calados que su progenitora le había hecho a punto de ganchillo.  Se miró en el espejo del dormitorio de sus padres, le parecía que iba a una fiesta. Se vio guapa. Entre tanta blancura resaltaban sus ojos verdes y su pelo castaño oscuro.  Si bien no fue suficiente para que se sintiese feliz.

         Luego retornó la recomendación maternal de que tuviese especial cuidado en no ensuciarse. Tenía ya seis años cumplidos y aparentaba ser mayor por su estatura, razón por la cual se le exigía una responsabilidad desmedida. Además, este vestido era un recuerdo de su abuela enviado desde España, motivo que incrementó aún más su preocupación ante la idea de estropear aquella prenda tan especial. Sentía ya la niña, conocedora de su torpeza, que lo que se le pedía iba a resultar un esfuerzo titánico. Mas su progenitora siguió insistiendo en que, por ser su primer día en esta escuela, deseaba que causase buena impresión a la maestra.

         El desayuno se convirtió en una batalla que la madre dio por perdida. Decidida, partió un trozo de baguette que rellenó con un poco de queso de camembert, el preferido de su hija, lo metió en una bolsita de tela y le instó varias veces a que debía comérselo en el recreo.

         La pequeña asió la cartera que le habían comprado hacía unos meses cuando estaba en el colegio de Oran, aunque el contenido era nuevo: una caja pequeña de colores, una libreta, una goma y un lápiz que la noche anterior su padre había afilado con su navaja, hasta quedar una punta muy fina para facilitarle escribir con su mejor letra. En otro momento, este material hubiese sido una fuente de alegría y de ilusión, sin embargo, esta mañana no le despertó ningún entusiasmo.

          Salieron juntas de la casa. Tenían que cruzar un inmenso jardín antes de llegar al portón que abría a la calle. La niña andaba algo encogida por la indisposición que se había instalado en su estómago, sentía que miles de avispas la habían invadido, revoloteando nerviosas, apoderándose de esa parte de su organismo con tal fuerza que se encontraba sin energía para poder controlarlas. Estaba acostumbrada a que ese hecho sucediese cada vez que presagiaba la aproximación de un problema y sabía que hoy iba a ser un día complicado.

         No obstante, su profundo malestar no le impidió disfrutar de ese paseo mientras andaban por el camino de gravilla bordeado de varios tipos de flores: margaritas blancas, amarillas, lirios y amapolas. La aparición inesperada de las mariposas de diferentes colores distrajo a la pequeña y por primera vez sonrió. Se pasaba muchas horas contemplándolas desde que se habían mudado a este pueblo hacía pocos días, y seguían asombrándola.  En ese momento desplegaron sus alas, orgullosas, pavoneándose sin decidir en que flor se iban a posar.

         La tristeza regresó de nuevo, tanto que le extrañaba que todo siguiera igual que el día anterior: el sol extendía sus rayos aun suaves que jugaban al escondite entre los pinos firmes e impávidos, las majestuosas palmeras continuaban meciéndose con la brisa que acariciaba su rostro apagado, y el rocío impregnaba todas las plantas, otorgándoles más intensidad al verde. Nada parecía distinto; al contrario, era incluso más bonito por ser una hora temprana para la mayoría de los insectos que, todavía adormilados, no molestaban, algo que ella agradecía.

         El camino hacia lo desconocido y temible le resultó demasiado corto. Le hubiera gustado compartir la angustia que sentía, más no se atrevió. Cuando por fin llegaron a la puerta de la escuela su madre la soltó de su mano y le indicó que debía entrar sola. Ella la miró implorando ayuda, pero su rostro imperturbable no admitía concesiones. Tragó saliva y se adentró. La enorme dimensión del patio la asustó y acrecentó su soledad.

          Lo primero en que se fijó fue en la cantidad de niños de todos los tamaños, unos hablando en corrillos y otros corriendo a pillarse; las aulas aparecían al fondo cubiertas con tejas rojas y agrupadas unas al lado de otras. Durante un momento se mantuvo quieta, indecisa, sin saber qué hacer.

          Dirigió su mirada hacía un rincón donde un grupo de alumnas, que podían ser de su edad, charlaban acompañadas de otras más mayores.  Intentó armarse de un valor que no poseía y se encaminó hacia allí.  Se acercó. La diversidad de color en la piel de aquellas niñas le recordó al polícromo de sus mariposas. Todas la miraron sabiendo que ella era nueva. No podía hablar, ahora le subía una congoja hasta la garganta provocándole muchas ganas de llorar.

         Sin embargo, a partir de ahí, fue cuando se produjo una especie de milagro. La que parecía la mayor de todas indagó cuál era su nombre en francés, esa lengua extranjera que la pequeña ya conocía: – María, para servir a dios y usted – contestó la niña en la lengua de sus padres con esa respuesta aprendida desde muy pequeñita en el entorno familiar. Tras escucharla la miraron sorprendidas y volvieron a hacer idéntica pregunta, y ella continuó repitiendo lo mismo: -María para servir a dios y usted.  Al instante todas comenzaron a reír a carcajadas, tanto que contagiaron a María y de su boca brotó espontánea su propia risa, arrastrando con ella a las avispas que  salieron de su estomago y emprendieron el vuelo llevándose el dolor.

6 Comentarios

  1. Avatar de Paco González Paco González dice:

    Es precioso. está maravillosamente contado

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  2. Me alegro Paco que te guste

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  3. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Me encantan los detalles de este relato. Ese camino hacia el primer día de colegio que tanto nos ha costado a todos desde niños.

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  4. Avatar de Desconocido Silvia dice:

    Me encantan los detalles de este relato. Ese camino hacia el primer día de colegio que tanto nos ha costado a todos desde niños.

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  5. Si es cierto aunque este era más especial por las circunstancias

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  6. Avatar de Desconocido Adriana dice:

    Dulce y amargo a la vez. He podido sentir a esa niña como si fuera yo misma. Me ha encantado la descripción de las emociones.

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