– Relatos –
LOS SILENCIOS
Según el diccionario de la real academia, la palabra “Silencio” dispone de muchos y variados significados, entre otros encontramos: abstención de hablar, falta de ruido, pausa musical, etc. Me voy a atrever a seccionar ese vocablo y extraer los diferentes tipos de Silencio, esos que he sentido y que me han acompañado a lo largo de los años. Permítanme adentrarme un poco en mi vida y que les cuente esas experiencias sentidas.
Todavía recuerdo el Silencio Sepulcral que invadía mi casa mientras oíamos el retumbar del estallido de alguna bomba.Y pese a que sonaba lejos desde nos encontrábamos, ese hecho no impedía que el miedo se colara en nuestros cuerpos. Nos mirábamos todos con el semblante serio, descompuesto, y nadie hablaba mientras el Silencio se vestía de Muerte.
Años más tarde llegaría el silencio que demandaba el sueño de los bebes. Un Silencio sumamente Sosegado, Quieto, que no se podía interrumpir ni con música ni con ningún ruido por el bien de los pequeñines y de los mayores que lo aprovechaban para su descanso.
Cuando la casa se fue vaciando con la ayuda de los colegios y las guarderías, el silencio se fue instalando en las diversas habitaciones del hogar. Éste era el Silencio Deseado, acogido con cierta ansia, tras lidiar con la batalla mañanera para conseguir que cada uno de los púberes llegara puntual a su destino. Era un regalo poder disfrutar de la quietud que lo caracterizaba. Ni tan siquiera la música apetecía. Era una necesidad apremiante poder imbuirse de esa sensación de no escuchar nada, de mudez para de esa forma poder recargar pilas.
Más adelante llegaría otro silencio. Aquel que ocuparía mis horas nocturnas de estudio. Este era un Silencio Esperado, Buscado y Programado para poder concentrarme en el contenido de trabajos, apuntes y libros. Un silencio totalmente imprescindible para llegar a alcanzar el objetivo marcado.
Otros silencios nacieron señalados también por la necesidad y alentados por el constante e inevitable transcurrir de los años, los Silencios Reflexivos. Estos eran también buscados, siendo indispensables como ayuda para desenredar pensamientos y aclarar actitudes ante situaciones de la vida cada vez más complejas. Y éstos siguen vigentes en mi vida para mantener esa imperiosa necesidad de sosiego y paz, y para atrapar ideas nuevas o asentar otras cuando una dedica algunas horas del día a intentar esa noble y difícil tarea de la escritura.
Transcurrirían muchos lustros para que llegara el Silencio Impuesto. Ese silencio callado que se apoderaría de toda la casa. Era el silencio que arrastraba tristeza y que lograba que la soledad se irguiera como señora absoluta de mi vida. La lucha contra ese silencio necesitó sus años.
Y hoy puedo afirmar que he sabido encontrar los aliados perfectos para combatir ese Silencio Forzoso. Esos buenos compañeros los he hallado en los diferentes programas de radio y en la música, ya sea en el “Spotify” de mi móvil, o en la selección de mis CD. Han llegado a convertirse en unos magníficos acompañantes que ahuyentan los silencios tristes, los no queridos de mi vida cotidiana, sin olvidar los inoportunos de algunas madrugadas.