– Relatos –
CARTA A MI ESPALDA
Querida Espalda:
Debo confesar que ese “querida” no llega a ser un sentimiento sinceramente sentido, es solo una formalidad fruto de mi buena educación. No obstante, continúan en mi influyendo ciertas voces que, desde ya algún tiempo, aconsejan a personas como yo a no “tirar piedras sobre nuestro propio tejado”, que no es saludable hacerlo, y quedebemos practicar la higiénica costumbre de ser mimosos con nuestro cuerpo.
Pero hoy yo siento la imperiosa necesidad de escribirte estas cuatro líneas exponiéndote mis quejas:
¿No te parece que es abusar de tu posición inferirme tanto dolor continuo? No te conformas con arrebatarme el placer que me supone elaborar algún guiso para la familia en momentos especiales, sino que dificultas mi asistencia a diversas actividades culturales porque tú has decidido que no puedo permanecer de pie ni siquiera un tiempo moderado sin sentir tu aliento dañino.
Lo de la cocina te lo podría perdonar, me parecería incluso un detalle que hubieras pensado que ya había guisado demasiado y que necesitaba descansar de esa actividad culinaria. Pero, lo de no poder disfrutar de monumentos y obras de arte, ahora que dispongo de tiempo, me parece una jugada muy sucia.
Por otra parte, tu vil tarea no se limita a un espacio reducido, sino que extiendes tus tentáculos invadiendo mis glúteos fastidiando mi deleite ante las series y películas que disfrutaba sentada en mi cómodo sofá. Ahora me obligas a levantarme y estirarme en varias ocasiones durante la proyección de estas.
El colmo de todo se produce cuando se te ocurre, sin saber el porqué, martirizarme ampliando aun más tus dominios, llegando hasta mis piernas; una vez es la izquierda, otra la derecha, te da igual, no tienes preferencias políticas. Y me tengo que quedar tumbada, además con la posición ladeada y la pierna extendida, sin poder moverme, rumiando mi desdicha. Supongo que te sientes satisfecha. Tu meta es amagarme. Y odio tu repuesta: “Es cosa de la edad”. Pero a mí esa conclusión no me basta. Me parece un exceso aprovecharte de esta situación.
Tengo la lucidez suficiente para saber que estas quejas no van a hacer ninguna mella en ti. No obstante, es el único recurso que me queda y un derecho del que no me apetece prescindir, amén de la necesidad de desahogarme. Si bien, deseo advertirte de que te lo voy a poner un pelín difícil y no dejaré que me acobardes y me derrumbes fácilmente mientras existan fármacos y fisioterapeutas en este país.
Atentamente
LOLA GONZÁLEZ GARCÍA
Í
He leído tus relatos, con los que me he sentido muy identificado, me han permitido conocerte un poco. Tuve el placer de compartir mesa contigo el pasado viernes,en la comida de Ofecum (las Gabias). Espero verte pronto, y que no moleste mucho esa espalda.
Me gustaMe gusta