– Entrevistas –
Publicada en la Revista «Lumbre».
ENTREVISTA A TERESA. DE MEDELLÍN A GRANADA.
Se puede decir que tenía necesidad de transcribir al papel este tema que suscita en mí una sensibilidad especial, quizás sea debido al hecho de haber sido también emigrante. Y admito que me duele enormemente escuchar cierto tipo de comentarios racistas que continúan prodigándose a mi alrededor. La mirada bastante extendida hacia ese grupo poblacional, que juzga a los emigrantes como personas que vienen a quitarnos lo poco que tenemos y que lo único que traen son conflictos, viene de lejos. Si bien, ahora en tiempos de pandemia y de crisis, este enfoque se ha agudizado y va tomando un cariz que me preocupa. Quería aportar mi granito de arena y por eso le propuse a Teresa, mujer colombiana a la que conozco desde hace años, esta entrevista. Quería que contase con más detenimiento y precisión su experiencia de vida y que sus palabras pudiesen quedar impresas. Ella con la cortesía que le caracteriza ha accedido de buen grado.
Teresa, tú llegaste a Granada junto a tu marido y tus hijos pequeños, de siete y ocho años respectivamente. ¿En qué año fue?
En el 2001
¿Cuál fue el motivo o los motivos principales que os impulsaron a abandonar vuestro país, a vuestra familia y amigos, vuestra cultura, para embarcaros en este viaje, sin retorno programado, a Granada?
La primera razón es que yo no encontraba empleo y corría el rumor de que en España había mucho trabajo. Además de eso, vivíamos en un barrio popular donde las bandas dominaban la barriada. Estas bandas cobraban a los comerciantes un porcentaje para protegerlos y evitarles daños, esa era su propuesta. Controlaban las vidas de las personas. Aquel era un ambiente muy peligroso y temía por mis hijos porque los miembros de esas bandas rondaban por las escuelas. En realidad, vivía asustada. Casi permanentemente preocupada por mi familia.
¿Conocíais ya alguien en Granada que os animara a iniciar este viaje y la nueva vida que eso conllevaba?
Si, mi cuñada. Ella consiguió la carta de invitación para que pudiésemos venir a España. La obtuvo a través del patrón donde trabajaba. Esa carta lo único que atestaba era que teníamos un lugar donde quedarnos.
Cuando llegasteis al país, ¿contabais con toda la documentación necesaria en regla para vivir aquí? ¿En qué consistía y qué dificultades encontrasteis para gestionar o conseguir toda esa documentación?
Nos vinimos antes de que se necesitara un contrato de trabajo para entrar al país. Pero para conseguir la documentación necesaria para obtener el permiso de residencia si debíamos tener el contrato, y estaba complicada la búsqueda de un trabajo estable. Sin embargo, solo un año antes, que fue cuando mi cuñado llegó aquí, hallar cualquier tipo de ocupación era mucho más fácil. En el momento en que yo llegué a España la situación era diferente. Ni mi marido ni yo encontrábamos trabajo duradero. Vivíamos con del dinero que habíamos traído y de la ayuda de mi cuñada. Conseguir un contrato para poder solicitar los papeles de residencia fue una tarea ardua.
A los ochos meses mi marido seguía sin contrato de trabajo. Lo llamaron de Colombia donde había echado varias solicitudes antes de venirnos. Era un trabajo de soldador, que es su especialidad, ofreciéndole un puesto en Aruba, una isla del Caribe. Él le informó sobre su situación. Si salía de España no podría volver por ser un indocumentado. Quería saber si realmente ese trabajo que le ofrecían iba a ser estable. Le aseguraron que el puesto era suyo. Entonces se fue con la idea de tirar de nosotros una vez que estuviese en Colombia. Cuando llegó le hicieron “la pistola” (esa expresión me dice Teresa significa que lo engañaron). Esa plaza ya la había ocupado otra persona. Entonces tuvo que quedarse dos años en Colombia hasta que yo pude mandarle los papeles.
Teresa, supongo que el compartir un idioma pudiera ser en vuestro caso una razón más para elegir España como lugar de destino. No es difícil imaginar que poder comunicarse sin dificultad en un país que en ese momento era extraño para vosotros, al menos eludía las dificultades consecuentes de la barrera idiomática. Pero ¿influyó también a la hora de escoger España como destino, algún tipo de sentimiento de pertenencia a la llamada por algunos “madre patria”?
No, nada de eso. En realidad, intenté antes irme a Estados Unidos porque tenía dos hermanas allí, pero me dijeron que no podía llevar a los niños conmigo, que tenía que dejarlos con mi madre. No obstante, yo no estaba dispuesta a renunciar a ellos y cargar a mi madre con esa responsabilidad después de lo que ella había pasado criando a quince hijos. Entonces escogí España porque podíamos venirnos todos y si, por supuesto el idioma ayuda mucho, aunque a veces incluso me decían que no me entendían. Tampoco he sentido nunca ese sentimiento de pertenencia a España como la madre patria.
En tu país de origen ¿tuviste la oportunidad de formarte en alguna profesión en particular, contabas con experiencia laboral allí antes de emigrar a España?
Estudié en la universidad Asesoría tributaria, aunque no llegué a trabajar. Se necesitaban muchos enchufes para entrar en cualquier oficina de la agencia tributaria. Por lo tanto, empecé a estudiar enfermería. En ese sector no eran necesarias las recomendaciones y había trabajo, pero no llegué a acabar la carrera porque fue cuando se presentó el viaje a España.
Esa formación que tenías, ¿te facilitó el acceso al mundo laboral aquí en España?
No, esa formación universitaria no estaba homologada, tenía que ponerme a estudiar de nuevo y era imposible, mis hijos eran mi prioridad, ellos eran los que tenían que estudiar, además ya no estaba mi marido.
¿Cuánto tardaste en conseguir tu primer empleo? ¿Y tu marido?
Cuatro meses. A través de caritas conseguí emplearme como interna para cuidar una persona mayor con la mala suerte de que murió esa misma noche. Sin embargo, me quede como limpiadora de trabajo diurno. A través de esta familia solicité los papeles de residencia y trabajo. Gracias a la regularización de Zapatero pude obtenerlos más rápido de lo que esperaba.
Casi dos años después conseguí que mi marido se viniese con un contrato de trabajo a través de una señora donde yo trabajaba. Tenían una inmobiliaria y una constructora. Lo contrataron de albañil.
En líneas generales, ¿qué tipo de trabajo se te presentaba con mayor facilidad de acceso e incorporación rápida?
Limpieza y cuidados de personas mayores.
Cuando trabajabas como cuidadora, siendo interna o trabajabas con horarios dispares ¿quién cuidaba de tus hijos?
Pude conseguir un internado gratuito para mis hijos a través de una monja de caritas que me escribió una carta de recomendación. Estaba situado en el Albaicín. Los recogía el vienes por la tarde y permanecían conmigo hasta el domingo por la tarde que los volvía a llevar. Eso me dio cierta tranquilidad porque tenía terror a que, si no podía atenderlos durante el día y pasaban muchas horas solos, asuntos sociales me los pudiese quitar.
Supongo que debió ser muy duro también para los niños estar en un país extraño y encima separados de sus padres, ¿Cómo mantenías la fuerza y el optimismo en esos duros momentos?
No olvidaba las enseñanzas de mi madre que fue una gran luchadora. Siempre me decía que al mal tiempo había que ponerle buena cara, que no podía venirme abajo porque enfermaría y entonces todo sería mucho peor. Me propuse aguantar como fuese y me daba fuerza el saber que estaban bien cuidados y atendidos. Eran unos niños muy buenos y se sentían queridos en el internado por los cuidadores que además les daban apoyo escolar. Y yo lograba soportar bastante bien la separación por el pánico que sentía a que me lo arrebatasen.
No en pocas ocasiones he escuchado yo a mi alrededor una afirmación, que, si bien dudo de su veracidad, se ha extendido popularmente, y es aquella que confirma que las personas emigrantes obtienen más ayuda del estado, solo por el propio hecho de ser emigrante, que los nacidos en España con las mismas necesidades. Se presupone igualmente que tienen prioridad en el acceso a una vivienda digna o incluso a una plaza de guardería para sus hijos, en contraposición con los españoles con misma situación de precariedad. En aquellos momentos en los que tu marido y tú estabais en paro y tú solo contabas con lo que ganabas por las horas sueltas limpiando casas, ¿pudiste recibir alguna ayuda económica de la administración pública?
Ninguna ayuda. Solo lo del internado que fue a través de caritas. Nunca recibí ayudas económicas del estado. Tampoco durante la crisis económica, en la que apenas tenía casas para limpiar y mi marido estaba en paro. Tampoco ahora con la pandemia, que también está siendo un año duro. Y mi marido de nuevo está en paro. Hemos solicitado alguna ayuda y hasta el día de hoy no hemos recibido nada. Vivimos solo de mi trabajo de limpiadora.
¿Qué dificultades has sentido a la hora de integrarte con la población en general? ¿Sientes aceptación, has percibido alguna transformación en la actitud de la población en general desde que llegaste por primera vez hasta ahora?
No, nunca he tenido problemas para que me aceptaran quizás se deba a mi aspecto físico, que soy muy blanca o por mi carácter, que al igual que el de toda mi familia no es de buscar problemas, todo lo contrario, somos muy tranquilos y pacíficos. Solo recuerdo un vecino de la casa de enfrente donde vivo que, cuando mis hijos se sentaban en la puerta de la calle, les gritaba que se fueran a su país. Lo estuvo haciendo un tiempo, pero como nosotros no le contestábamos, al final se cansó y dejo de hacerlo. Mis hijos cuando eran pequeños en el colegio si sufrieron durante un tiempo bullying.
Si tuvieras que hacer un resumen de tu vida, ¿crees que valió la pena ese sacrificio tan enorme de dejar atrás familia y tierra?
Si, mereció la pena venirse. Aquí he hallado y sigue habiendo mejor vida para todos. He tenido suerte, en mi camino he encontrado gente buena que me ha ayudado, además de las oportunidades que mis hijos han tenido para formarse y estudiar. Por otra parte, Granada es una ciudad tranquila, sin esos problemas de bandas como en mi país y mis hijos han podido salir sin temer por sus vidas.
Si tu economía te lo permitiese, ¿te gustaría volver a tu país para quedarte allí? ¿O sientes que tampoco ya formas parte de allí?
Siento que de alguna manera formo parte de esta ciudad. No, no me iría porque la única que tiraría de mí sería mi madre y ella ya no está. Sin embargo, me gusta ir de visita a ver la familia. Pero ya me siento hija de ninguna parte.
Esa última frase me la dijo sonriendo. Esa sonrisa que siempre la ha acompañado desde que la conozco pese a los duros momentos por los que ha pasado y sigue pasando, pero esa es su carta de identidad, así como la palabra “gracias” que nunca falta en sus labios.

Muy interesante y Bella persona Teresa
Me gustaMe gusta
Me ha encantado esta entrevista, interensantisima. Me ha hecho reflexionar sobre aspectos de la emigración de los que nunca me había percatado.
Me gustaMe gusta
Con pocas preguntas, pero intensas has sabido reflejar el drama de la inmigración, de gente formada que huye buscando un lugar mejor donde vivir. La entrevista debería de remover las conciencias. Bien hecho
Me gustaMe gusta
Gracias por leerlo
Me gustaMe gusta
Gracias 🙏 por leerlo
Me gustaMe gusta
Teresa… sin palabras! Que valentía y que maravilla la forma de expresar esos sentimientos a través de tus palabras 💕💕💕
Me gustaMe gusta
Gracias por leerla
Me gustaMe gusta
Muchas Gracias por leerla ❤️❤️❤️
Me gustaMe gusta
Magnífica escritora. Estupenda y maravillosa persona.
Me gustaMe gusta