– Entrevistas –

         Entrevista publicada en la Revista «Lumbre».                         

   UN POLIFACETICO TROTAMUNDO EN GRANADA.

Sergio Mauricio Urbano vive en el mismo barrio que yo, en el Figares junto al paso del rio Genil. Lo conocía de vista. No es de las personas que pasan desapercibidas, alto, delgado y con el pelo largo, me admiraba la maestría que mostraba para controlar los muchos perros que le acompañaban. Por una casualidad del destino, su libro “El hombre del espejo” llegó a mis manos. Después de leerlo decidí que era una persona que tenía cosas interesantes que contar. Y aquí está un resumen de la charla extensa que mantuvimos una tarde.

¿SERGIO, CUAL ES TU NACIONALIDAD?

Soy argentino, de Buenos Aires.

¿CUANTOS AÑOS LLEVAS EN GRANADA?

Veinte y tres años llevo acá. Me vine antes de que estallara el corralito, sin saber lo que se iba armar después. Tuve suerte, sin embargo, mi madre no la tuvo, perdió mucho dinero. Al final también regresó a Granada. La mayoría de los hijos y nietos de los que emigraron a Argentina se fueron, y cosa curiosa, allá van quedando los nativos de acá.

         Llegué con una maleta ligera de ropa y ya con la idea fija de quedarme, de no volver. En un viaje anterior cuando mi objetivo era venir a España, me detuve en Alemania y Holanda.  Me gustó tanto el orden que encontré por Sajonia, tan distinto a lo que viví en Buenos Aires, que me demoré un año allá, trabajando en lo que encontraba.  También estudié un curso de lengua básica de alemán. Y eso me ayudó bastante.

         Años más tarde por fin aterricé en España. Mi primer destino fue Barcelona. Quería hacer algo de dinero antes de llegar a Granada a visitar la familia de mi papa.  Después de presentar mi currículo en muchos lugares, al final acabé trabajando en lo que más se necesitaba por aquel entonces, la construcción. Lo importante era trabajar de lo que saliese. Yo había trabajado en muchísimas cosas, pero nunca en lo de la construcción, y es duro, duro, duro. Viví seis meses en un hotel y pagué cuatro. No te podías retrasar ni un día, enseguida te ponían en la calle. Pero en mi vieron otra cosa, yo me arreglaba el cuarto, las camareras me tomaron cariño y me traían comida. Pese al trabajo duro no me daba para todo y empecé a ir a los comedores públicos. La dirección del hotel me propuso hacer algunos trabajos de mantenimiento y de esa forma fue pagando mi estancia.

Luego estuve en Badalona y de ahí me fui a Andorra porque había más curro. Me gustaba moverme y conocer lugares nuevos. Conocí gente muy interesante y siempre encontré ayuda. Soy una persona que también se entrega.

¿POR QUÉ ELEGISTE GRANADA?

Por ser la tierra de Papa. Él emigró con sus padres y sus hermanos a Buenos Aires cuando la guerra civil en España. Mi abuela era matrona y mi abuelo Joaquín fue un pintor granadino famoso, Joaquín Urbano Mingorance. Hay cuadros de mi abuelo en el museo del prado. En la familia guardamos algunos oleos, hay uno del Albaicín lindísimo.  Tengo recuerdos de mi abuelo pintando y alrededor de él, ese olor tan peculiar a pintura y demás elementos. Allá era conocido por el gallego, no importa de dónde venís, ya puedes ser de Barcelona o de Granada, todo el mundo es gallego.

         Papa siempre tuvo morriña de Granada, pero no volvió, murió joven, con cincuenta y siete años por un problema de corazón.

         Tuve la suerte de conocer la casa donde nació, estaba situada en lo alto del realejo. Afortunadamente todavía vivía Carmita Urbano, una prima de mi papa, la casa había aguantado dentro de la familia. Recuerdo que toqué el portón de madera de la casa cuando me iba y me imaginé a mí mismo, en otro tiempo, invitando a mi papa diciéndole “Mauricio, ¿sales a jugar?”. Me emocioné. Fue algo muy lindo. Llegué a casa y escribí sobre esto. Se extravió como otros muchos, una pena. Nunca tuve cuidado con muchos de los escritos en los que trasladé sentimientos maravillosos de algunos momentos, como escuchar música con mi Papa cuando era muy pequeño, algún disco de Alfredo Krause. ¡Lo que esa música me hacía experimentar, uf! Todo eso lo puse en el papel.  Fui un bobo por no haber tenido cuidado esos escritos. Ahora tengo un contrato por tres años con la editorial y lo que escriba se lo tengo que dar a ellos y tengo más oportunidad de no perder nada, sin embargo, cosa extraña, ahora no brota nada.

¿EN QUE AÑO ATERRIZASTE EN GRANADA?

En el año dos mil. Una de las cosas que me llamaron la atención en cuanto llegué a Granada fueron los ojos de las mujeres. La mujer argentina también es muy guapa, estaba acostumbrado a la belleza, pero esos ojos me dejaban muerto.

         Tenía cuarenta y pocos, estaba desesperado por no encontrar trabajo. La sociedad ya me decía que era viejo para trabajar, qué absurdo, porque ahora tengo sesenta y tres y no me considero viejo. Mi profesión era la de enfermero. Envié mis papeles con mi número de matrícula a Madrid, pero no me convalidaron a pesar de tener el titulo por la Cruz Roja, se supone que es lo mismo en todas partes. Sin embargo, no es así, quizás sea que, por ser de otro hemisferio la situación cambia.

Tenía que empezar de nuevo. Había trabajado muchos años en salud mental. Presenté mi currículo en todas partes, en lo que saliera.  

         En esta desesperación al no encontrar curro, decidí montar un bar, tenía que hacer algo, no se puede vivir del aire. Aunque aquello no funcionó. Lo traspasé al poco tiempo. Recuerdo que estaba desesperado, pensando en que iba a ser de mi vida y me dije que no podía demorarme en buscar trabajo, el dinero del traspaso se iba a ir rápido. Mientras tanto como tenía que emplear mi tiempo en algo, cogí un “bic” y una libreta, en la que años atrás había escrito algo estando aún en Argentina, y con la compañía de mis perros me fui a la vega, me senté bajo un árbol y ahí empecé a darle forma a la historia de mi libro. Estas hojas también volvieron a guardarse otra vez en el cajón y me dediqué a buscar trabajo. Años más tarde volvería a aquella libreta. 

¿SERGIO, ENTONCES A QUÉ TE DEDICAS?

Mi trabajo es cuidar perros, educarlos, adiestrarlos. Un día que iba con mis perros, unos policías locales me pararon y me dijeron que no podía ir así con ocho perros por la calle. Ese era mi trabajo y aquel aviso suponía perderlo. Reaccionaron con mucha amabilidad y me aconsejaron me dirigiera al ayuntamiento. Pero allí no me podían dar el permiso. Fui a las oficinas de la Junta de Andalucía, sección veterinaria y les presenté las titulaciones que tenía aprobadas por el Can donde se acreditaba que era educador canino y que había invertido cuatro años de estudio en el tema, en el ámbito veterinario, dos de adiestramiento y educación y otro año más de liderazgo de equipo y resolución de conflictos.  La junta me aprobó, obtuve el permiso necesario para realizar mi trabajo. y los policías ya me saludan por mi nombre cuando nuestros caminos se cruzan.

¿LOS PERROS SON MUY IMPORTANTES EN TU VIDA?

Si, además este mundo me ha proporcionado el poder conocer gente diferente. Han pasado por mí, perros de un escritor, de un guarda civil, perros de maestras, de policías, de mucha gente. En diez años he adiestrado más de setecientas perros. Y aunque parezca raro este trabajo me da mucho.

NOMBRAS MUCHO A DIOS EN EL LIBRO, ¿ERES MUY CREYENTE?

Yo creía en Dios desde chiquito a pesar de que en mi casa no me hablaban de ello ni recibí ninguna educación religiosa. Siendo un niño me encantaba leer la biblia. Mi mama si era creyente, aunque no beata.  

En Granada, en el colegio Virgen de Gracia, hice un curso de Cristología durante tres años para saber un poco más de la vida de Jesús, aunque como he dicho antes la fe la tenía desde chiquitito. Luego quise ir a Israel. En cuanto llegué allá besé el suelo, y pese a todo la corrupción que hay porque allá adonde llega el hombre también llega la corrupción, para mí era tierra santa, la tierra que había pisado Jesús. Conocer todos esos lugares donde había transcurrido su vida, fue maravilloso, abrí mucho los ojos y los oídos atento a lo que nos iba explicando el guía.

¿ES TU PRIMER LIBRO? ¿HABÍAS ESCRITO ANTES?

Si, es mi primer libro. En realidad, empecé a escribir algo al volver de    Alemania. Cuando llego a Granada traía de Buenos Aires diez folios escritos. En Buenos Aires me pidieron que escribiera un cuento para niños, era un concurso, me lo dijeron un día antes. Recuerdo que me puse a las diez de la noche a redactarlo y lo acabé a las dos de la madrugada. Y ganó el concurso.

¿POR QUÉ DECIDES ESCRIBIR “EL HOMBRE DEL ESPEJO”

El titulo se lo puse al final. En un principio el libro se llamaba Beatriz, ella es la historia que empecé en Argentina. Pero al acabar la historia en Granada, después de enfrentar al hombre en su espejo, donde él no se reconoce, en ese cambio de pareceres, de sentimientos enfrentados, una forma de decir “- mira lo que puede pasar contigo mismo -”, y por fin reconocerse, ese cambio me dio el titulo final.

¿ES AUTOBIÓGRAFO?

 En un noventa por ciento. Todo es real y sucedió, salvo algunas escenas. Yo no he matado a nadie ni he estado preso en ese hospital, especie de cárcel para dementes. Trabajé en la enfermería de diferentes manicomios, en clínicas, sanatorios de Buenos Aires. Y esa experiencia me ayudó en la composición de esos pasajes de la historia. Se puede decir que voy mezclando una base de realidad con ficción en menor grado. Hay un encuentro con la policía que me sucedió realmente, era el tiempo de Videla.

         Y menos mal que el libro fue a parar a una editorial, sino hubiera pasado como con la iglesia que nunca se acaba de arreglar. Me costó mucho, pese a que personas entendidas me habían dicho que era bueno, yo me decía no, que Herman Hesse es bueno, Alan Poe es bueno, Fernando Sábato es bueno, son monstruos, hago la comparación y me digo dónde vas, siento que soy una pulga. Nunca me animaba a dar el salto. Últimamente por darle el gusto a Mama que ya tiene ochenta y cinco años y que no quiere morirse sin verlo publicado, eso me animó. Y un periodista al que se lo di, me llamó para decirme que lo iban a publicar porque consideraban que era bueno. Me dijeron que se me había aparecido dios, de seiscientas cosas que entraban escogen una, y hoy la mía había entrado.

EN EL LIBRO SE HABLA MUCHO DE LAS ADICCIONES, CAÍSTE EN ELLAS.

Tampoco caí en la adicción de ninguna clase, claro que coqueteé en mi juventud con alguna sustancia, las probé, pero no me enganché a nada serio.

LA PROSA QUE EMPLEAS EN TU LIBRO ESTÁ REPLETA DE POESÍA, PERO   ADEMÁS INTERCALAS POEMAS CADA POCAS PAGINAS, ¿QUÉ QUIERES TRANSMITIR?

Esos poemas intercalados, son como un refuerzo para mostrarme un poco más. Intento mostrarme sin piel, desde el sentimiento puro, desde la fibra misma, desde los huesos. Escribo mejor cuando paso por situaciones feas y duras, cuando estoy en crisis, Y necesito soltar todo eso en los poemas. Es más difícil escribir cuando la vida es cómoda y fácil.

He cometido muchas locuras, pero he aprendido a lo largo de los años que a la vida no se le puede faltar el respeto, quizás porque he vivido unas cuantas veces situaciones duras donde estuve a punto de irme de acá.  Pero de esas situaciones suelen salir cosas buenas. Los poemas fluyen con facilidad. El destino de una persona está escrito y yo tenía que pasar por esos momentos malos para sacar algo lindo.

Tengo que apuntar que la conversación fue tan larga y se habló de tantos temas que he tenido que hacer una síntesis para no ocupar más hojas de las que considero necesarias para una entrevista. Mi idea era, aunque no se llegue a profundizar del todo en los temas, dar unas pinceladas de este singular e interesante personaje.

                

                                   

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