– Entrevistas –
Entrevista publicada en la Revista «Lumbre».
LA ENTREVISTADORA ENTREVISTADA
Como muchas ideas, ésta surgió de pronto, sin previo aviso. En un principio me pareció surrealista, incluso insulsa, lo achaqué a que estaba flojilla de ánimo con el asunto del COVID que ultimaba sus coletazos. Sin embargo, al comentarlo en voz alta con mi familia, no les pareció una locura. –Me pregunto si la gente que nos quiere, es consciente de las alas que nos proporcionan sin medir el alcance de la caída.
Sea como fuese, la idea cobró vida, cuerpo, y aquí está la muestra. En esta ocasión la narradora que os habla será al mismo tiempo la entrevistada y la entrevistadora.
Como es lógico la Entrevistadora será María Dolores como siempre, y la Entrevistada en este singular caso será Lola, su alter ego.
Tengo la convicción y eso me tranquiliza que si esta anomalía no es contemplada como válida, la última palabra la tendrán los editores. Y yo acataré gustosamente su criterio, y es a ellos a quienes compete el honor de publicarla o no.
María Dolores: Ésta es una entrevista atípica pero aquí estamos, a ver si somos capaces de hacer algo decente.
Lola: Por mi parte cuentas con todo mi esfuerzo y atención, intentaré responder a todas tus preguntas mientras que no sean impertinentes.
María Dolores: No te preocupes, ya sé que estás en la edad buena, según dijiste en el cuestionario Proust. (Las dos sonríen). Como soy bastante sistemática y para no perdernos en divagaciones, lo mejor sería hacerte la entrevista a través de los libros que has escrito y que no has sido capaz de editar, a excepción de uno de ellos. Supongo que todavía no se ha presentado el momento, ¿no?
Lola: Así es, no tengo prisa por ahora. (Una sonrisa.) En fin creo que la entrevista a través de los libros va a resultar un poco escasa, pero vamos a ello. Dispara…
María Dolores: El primero que escribiste fue “Mi infancia en Argelia”
Lola: Si. Mis hijos me animaron mucho a hacerlo porque desde pequeños les contaban muchas historias de esa tierra en la que me crié. Y pese a los años transcurridos, esa infancia la tenía grabada en mi memoria, quizás debido a las circunstancias tan especiales. Desde mi más tierna infancia la guerra de independencia que se desató en aquel país influyó de forma diversa en diferentes ámbitos de mi vida y la de mi familia, modificando sustancialmente el quehacer diario. Nuestra salida del país ocurrió además de forma traumática, hubo que abandonarlo todo de forma precipitada y terriblemente angustiosa por la situación de inestabilidad que se vivía. Esos acontecimientos fueron difíciles de olvidar. La vuelta a España tampoco fue fácil. Regresábamos a nuestro país de origen, sin embargo por muy raro que parezca, nos sentíamos unos extraños. La historia que relato es una cronología de todo lo acontecido durante los trece años que residí allí: desde los tres hasta casi los dieciséis.
María Dolores: Tengo entendido que no fue fácil para ti hacer ese recorrido por aquella parte de tu vida a través de un mar de letras.
Lola: No, ciertamente fue doloroso. Tenía que parar muchas veces porque las lágrimas me impedían seguir.
María Dolores: Pues parece que no tuviste bastante mortificación porque volviste con la misma historia en “Hijos de ninguna parte “
Lola: No seas mal hablada. Son dos libros completamente diferentes. El primero es la historia de mi familia enmarcada en Fernandville, un pueblecito a pocos kilómetros de Oran. (Hoy tiene otro nombre.) Es autobiográfico. Tenía solo ocho años cuando ya se hablaba de guerra, mi vida transcurrió con el miedo metido en el cuerpo. Pese a todo, vivíamos en un lugar privilegiado, un jardín inmenso bordeado de grandes árboles, pinos y palmeras. Mis hermanos y yo disfrutamos muchísimo en esa finca, de la que por casualidades del destino, mi padre fue el guarda. Este lugar tan fundamental en mi vida, aparece en los dos libros. Hablo también de los sentimientos que se experimenta al ser emigrante. A mediados de los cincuenta ser español conllevaba una mirada despectiva del exterior y siendo yo aún pequeña ya me peleaba con todo aquel que me dijera “espagnole de merde”. Mis padres me habían inculcado el orgullo de ser española, un país que no conocía, pero que sabía era el mío, al que pertenecía. No me sentía francesa pese a conocer su lengua desde mi más tierna infancia, sin embargo cuando volví a España, tampoco me sentía española. En fin somos los “Hijos de ninguna parte”.
Este segundo libro he tenido que hacerlo novelado para tener más libertad a la hora de manejar los personajes, aunque la historia de esas tres familias (una española, otra francesa y la argelina) y lo narrado sobre ellas sea como la vida misma. Expongo los acontecimientos y la repercusión que la guerra ocasiona en las tres familias. Estuve documentándome durante meses, sentía la necesidad de hacer un buen trabajo y poner por escrito unos hechos muy cruentos, algunos de los cuales viví de primera mano. Cuando escribí la palabra “Fin”, apoyé los brazos en la mesa, me sujeté la cabeza con las manos y las lágrimas brotaron en forma de llanto desconsolado. Esta reacción fue una sorpresa inesperada para mí, creía que todo aquel dolor estaba ya más que superado después de tantos años, pero por lo visto no era así.
María Dolores: Por cierto, ¿tengoentendido que tienes pensado una segunda parte de ese libro?
Lola: Si, el título lo tengo ya “Extraños en su tierra”
María Dolores: ¿Pero lo has empezado?
Lola: No, no me líes, estoy terminado otro que además deseo publicar: “Dolores en la UGR”
María Dolores:¡¡¡ Por fin, ya era hora!!! ¿Y eso de Dolores?
Lola: Pues ya sabes, otro de nuestros nombres: tú eres María Dolores, la seria, la sensata, la profe. Yo soy Lola, la más abierta, la más moderna y Dolores es la sufridora. Y este libro cuenta el paso, la huella que dejó en ella la vida universitaria. El cambio que supuso en su vida iniciar los estudios universitarios de Filología francesa con más de cuarenta años y una casa llena de hijos y problemas. El titulo le viene a pelo, se unen su nombre y sus pesares. Para ella fue una hazaña hacer la carrera. Se narra también el porqué de empezar a estudiar a esa edad, pero no me voy a enrollar más, además si lo cuento todo, no tiene gracia. Habrá que venderlo, ¿no? Será un libro pequeño, que se lee en nada. Es como un relato largo.
María Dolores: ¿Y no te ha importado “abrirte en canal” como diría nuestra madre?
Lola: No. Estoy acostumbrada pero es cierto que me cuesta publicar y exponer ante los demás, sin embargo con este libro estoy dispuesta a hacerlo.
María Dolores: Antes de proseguir, ¿no me tienes que hablar de otro que escribiste hace unos años, que tienes escondido y que parece que te avergüenzas de él, pese que a las personas que lo han leído les ha gustado?
Lola: jajaja!!! Qué indiscreta eres desde que te has metido en esto de las entrevistas. Esa novela la escribí recién jubilada y me ayudó a llevar esa jubilación inesperada, pese a tener ya sesenta y ocho años, mi plan era trabajar hasta los setenta, pero mi marido enfermó y decidí dedicarme a cuidarlo. “Cuando cantan las chicharras” supuso un revulsivo para mí, me dejé llevar, disfruté escribiendo todo lo que me salía de dentro. Los personajes gozaban de su libre albedrio. Yo quería contar una historia sobre el amor de pareja, esos amores que cuando empiezan son muy apasionados y luego se apagan. Pero comencé a ampliar las familias, incluyendo la vida de los abuelos, el pueblo, y como no, tampoco podía faltar la emigración. Total, al final se convirtió en un culebrón, en el que hice sufrir demasiado a la protagonista, apartándola de la gente que más quería. Si lo escribiera hoy, no me quitaría a tanta gente de en medio. Quiero decir, que no terminaría con la vida de tantos personajes en aquella historia. Creo que la causa de mi inclinación a ese toque dramático fue la muerte inesperada de mi hermano, estaba muy dolida. Me costó mucho superarlo, todavía me emociono cuando pienso en ello.
No es que esté disgustada con el libro, la escritura es completamente diferente a “Hijos de ninguna parte”, un libro muy trabajado. Este otro es como más ligero, en ese momento no tenía ganas de investigar. Ciertamente no estaba bien, me faltaban ganas, simplemente me deje conducir por unos personajes que parecían tener vida propia. Después tuve la mala suerte de obtener un pésimo trabajo de encuadernación y eso acabó por matar al pobrecito (todavía no conocía a Josep). Me imprimieron unos cuantos y se los dejé a las personas con la que tengo más confianza, y como es natural su opinión fue positiva. Es lo bueno de tener verdaderos amigos, son incapaces de darte un mal rato.
María Dolores: Pero, ¿ya estás trabajando en otro, además de ultimar “Dolores en la UGR”?
Lola: Si, “Dolores en la UGR” está pendiente de una revisión y de unas ilustraciones que va a hacer mi nieta que estudia Bellas Artes. Sobre el otro todavía no tengo claro el título. Trata de la vida de tres parejas independientes entre sí. Es algo más complicado de escribir. Inicio la novela narrando la situación de la primera pareja con sus nombres respectivos y algo de su historia. Después sitúo a la segunda pareja y sus conflictos. Y termino planteando el estado de la tercera para regresar de nuevo al desarrollo de la vida y vicisitudes del dúo inicial. El contenido versa sobre el comportamiento y las reacciones de las parejas cuando se enfrentan al desamor, a la separación y al divorcio. No es un argumento alegre, pero reconozco que es un tema sobre el que quería escribir hacía tiempo. A lo largo de los años, me he planteado muchas veces, el porqué de la resistencia que tenemos muchos de los mortales en asumir que una relación ha dejado de funcionar, en lugar de buscar los medios para poder enfrentarse a ese hecho de la mejor forma.
María Dolores: ¿Qué significa para ti escribir?
Lola: Una necesidad que me llena el alma, aunque decirlo así quede un poco cursi. Y como muchas cosas en mi vida, su descubrimiento fue algo tardío, rozando los sesenta. Quizás porque antes no dispuse de tiempo. Sin embargo, desde entonces representa una gran ayuda en mi vida, ha sido fundamental para combatir la soledad de mi casa vacía.
María Dolores: Al final te has puesto un poco triste y no quiero terminar la entrevista de esta forma. No te he preguntado sobre los relatos cortos y sé que ese trabajo también te entusiasma.
Lola: Siii! , descubrir este filón, (sonríe) – es la palabra que me ha surgido – me ha proporcionado mucho juego, puedo escribir sobre cualquier tema, pensamiento o recuerdo. Me brota una idea que no deja de darme vueltas en la cabeza hasta que por fin la puedo plasmar por escrito.
María Dolores: ¿Y cómo descubriste este filón? (Le sonríe)
Lola: A través del taller de escritura creativa de la asociación Ofecum. Y aunque sea algo presuntuoso por mi parte, ya he recibido dos premios del Concurso Literario Intergeneracional de relato corto “Miguel Guirao”.
María Dolores: Bueno, me parece que este es el momento oportuno para dar por finalizada la entrevista. Espero que no te hayas sentido coaccionada con alguna de mis preguntas. (Otra sonrisa) Solo me queda desearte una rápida recuperación.
Lola: No, no te has pasado, se puede decir que has sido cauta. (Sonríe) Gracias por tus buenos deseos. Lo que me preocupa ahora es defraudar a los posibles lectores….