– Entrevistas –

         Entrevista publicada en la Revista «Lumbre».                         

                 DOS TARDES  CON  TERESA

Conocí personalmente a Teresa Gómez una tarde de Febrero en un taller de escritura creativa al que fue invitada. A través de terceras personas conocía  algo de su trabajo como educadora,  si bien, su poesía la descubrí a raíz del monográfico “Versos al amor de la lumbre”.

         Aquella tarde me conquistó  su sencillez, su naturalidad y su simpatía. Conocimos cual había sido su formación académica: Magisterio, Filología Hispánica  y Psicopedagogía. Nos explicó el trabajo que había desarrollado los últimos años  con alumnos de altas capacidades. Disfrutamos todas con la lectura de algunos de sus poemas, donde afloraban no solo la belleza y la musicalidad que envolvían sus  versos sino especialmente la expresión de los sentimientos que de igual manera, te acariciaban o te volteaban  el alma. Destacan en su obra títulos tan sugerentes como: Subasta en mi ventana, Tu silencio, La espalda de la violinista.  Ha participado en antologías como El caballo del Alba (un homenaje a Federico García Lorca)  y Para decir Amor sencillamente (un homenaje a Rafael Guillen). Me confiesa que les tiene un cariño especial a esas dos Antologías. Además participó también en las obras:   Todo es poesía en Granada, Granada no se calla, Versos que abrazan, Con voz propia, De la nieve al trigo.  Sus temas han sido publicados por las editoriales más prestigiosas.

         No deseo extenderme más en aspectos relacionados con sus premios y numerosos trabajos, sería largo de contar, y  prefiero centrarme en la mujer: en primer lugar como educadora y luego como poeta.

         Le agradezco sinceramente a Teresa que haya aceptado que le realice esta entrevista, representa un privilegio para mí.

Teresa, ¿qué provocó tu paso de Maestra Especialista en Pedagogía Terapéutica a trabajar con niños con altas capacidades?

La casualidad. Yo llevaba  trabajando desde hacía  muchos años en Pedagogía Terapéutica. El último año había sido muy difícil y necesitaba descansar; solicité pasar dos años en Educación Ordinaria. Y en ese grupo de niños tenía una niña superdotada. En aquel momento además estaba haciendo el doctorado de Psicopedagogía.  Fue entonces cuando pensé que la superdotación era un tema de estudio muy interesante para desarrollar  mi trabajo. Los escasos conocimientos que aun poseía sobre esta área de la educación y tener una alumna de esas características, me animaron  a formarme.

Posteriormente se ofertó una plaza en Granada para maestros con esa especialidad, y tuve la suerte de que me la concedieran; por aquellas fechas yo estaba en Carboneras (Almería).

¿En qué consistía el programa que llevabas con ellos?

Era un programa con un enfoque hacía la integración. Los niños  compartían tiempo y espacio con el resto de sus compañeros  en su clase ordinaria. Yo, aparte, intervenía individualmente con ellos una, dos o tres horas a la semana para desarrollar una serie de aspectos. Les hacía propuestas para el desarrollo de su inteligencia en todas las aéreas, para que  de esta manera, ellos reflexionaran y se sintieran motivados a participar activamente en su formación y desarrollo.

Fuera de ese colegio – “El Sierra Nevada” – también trabajaba como asesora provincial. Si en Guadix detectaban a un niño con altas capacidades, contactaban conmigo y seguidamente me reunía con los profesores para planificar  un programa para ese niño o niña. Era un trabajo que te exigía muchísima formación y mucha atención. Tienes que estar pensando y buscando continuamente recursos diversos para motivarlos, intentando que esas horas les resulten interesantes, porque el hecho de sacarlos de  su clase  era para ofrecerles algo excepcional, algo que no se podía hacer dentro de su aula. Los estimulaba con propuestas diferentes, dirigidas hacía el racionamiento abstracto, el racionamiento lingüístico,  creatividad… propuestas que activaran esas capacidades que normalmente  en el aula no se podían desarrollar con esa profundidad. Es fundamental esa respuesta educativa, esa  atención para que muchos de estos niños no se aburran, sientan rechazo hacía la escuela y acaben abandonando ese espacio académico. Existen también otros alumnos con altas capacidades que no precisan esa atención especial, simplemente con programar actividades de ampliación para ellos, es suficiente, para lograr el máximo desarrollo de sus capacidades. Todavía hoy en día no existen  muchos profesionales con formación específica  – entonces yo era la única-   ni tampoco recursos materiales para trabajar con estos alumnos.

¿A qué dificultades te enfrentabas en tu trabajo con alumnos sobre dotados?

Principalmente la falta de recursos personales y a veces materiales. En algunas ocasiones, me  encontraba con  la incomprensión de la comunidad educativa y de las familias sobre este fenómeno de las Altas Capacidades. A veces resultaba difícil reconocer a esos niños, pues no siempre coincidían con aquellos que obtenían mejores resultados académicos. Su enorme curiosidad se podía confundir  fácilmente con insolencia. O simplemente  los profesionales no pensaban que necesitaran una atención especial. Todo esto originaba muchos conflictos, y tú sientes que estás ahí para ayudar a esos niños y no para enfrentarte a los compañeros.

¿Cómo acogían los maestros del colegio tu tarea con los alumnos de altas capacidades?

En general muy bien. Las dificultades a la que he aludido antes no eran habituales por suerte.  Todo lo contrario acogían esta ayuda maravillosamente bien. Se sentían ayudados ante estos alumnos que exigían una situación especial. Nos coordinábamos para hacer actividades o para planificar la formación educativa.  Esas reuniones eran suplementarias.

Les pedimos demasiado a los tutores que ya están desbordados, porque en todas las clases existe una gran diversidad de alumnado: un marroquí  que no sabe español, un hiperactivo, o con problemas de conducta, un síndrome de Down, otros que están desmotivados y encima un superdotado. Y  queremos que todo funcione bien cuando faltan recursos y ayudas dentro del aula. Sería fundamental que nunca se sacara a un alumno de su aula, salvo en casos muy especiales,  porque  todo lo que sea sacarlos no deja de hacerles sentirse diferentes.  

Ahora nos adentraremos en otro campo completamente diferente y  soy consciente que te voy a hacer una pregunta muy manida, pero necesito hacértela: ¿qué  lugar ocupa la poesía en tu vida?

Ocupa un lugar fundamental, tampoco te voy a decir que es lo más importante, pero si está a la altura de mis grandes pasiones, como puede ser estar con mi gente, leer. La poesía ocupa ese lugar fundamental.

A veces sí. Como educadora, afortunadamente  tenía la suerte de disfrutar de unas largas vacaciones y me dedicaba entonces a leer y a escribir. Pero cuando estaba trabajando y surgían tareas especiales, como cuando salió mi libro y querían hacerme entrevistas, o  ir a presentar mi libro a otra ciudad, no podía asumirlas con tranquilidad.  Eso me producía mucho estrés. Me hubiera gustado disponer de ese tiempo para deleitarme con aquellos gratos acontecimientos. Solo lo disfrutaba parcialmente.  

En cuanto a escribir, era difícil hacerlo en periodos laborales. El trabajo me ocupaba muchísimo tiempo. Escribía únicamente en vacaciones. Nunca he podido escribir porque tuviese una hora  libre.  Yo necesito mi tiempo para poder adentrarme en el poema. Además daba clases en un máster para Altas Capacidades en la Universidad de Sevilla. De una manera u otra todo mi tiempo libre era para mi trabajo.

¿Consideras tu ocupación como poeta también una actividad laboral?

Si. Aunque  en concreto la mía estuviese relegada a un segundo plano. Pienso que la condición de poeta tiene que ser una actividad laboral parcial o total porque exige trabajo, concentración, dedicación y debiera  estar remunerada. Los que somos profesores o tenemos otra profesión, disponemos  de nuestro sueldo. Pero  si quieres dedicarte a la poesía al cien por cien no puedes comer con ello, porque  incluso teniendo dinero no genera beneficios económicos.

Los que somos indoctos en este campo, creemos que el poeta tiene facilidad para verter en el papel sus angustias, sus alegrías, sus miedos, sus  criticas. ¿Esto es así o igualmente   se siente el miedo al folio en blanco como cualquier escritor en prosa?

Hay poetas que dicen que tienen ese soplo divino que les susurran al oído las ideas, las imágenes. Yo no soy ese tipo de poeta. Yo soy una poeta trabajadora. Es cierto que tienes momentos de mayor inspiración, hay situaciones que te inspiran, y otras que no. Pero pienso que un buen poema exige trabajo, concentración, reflexión  sobre la música del poema, las palabras, las imágenes. Por esa misma razón existen también situaciones de bloqueo, de falta de inspiración. 

  • ¿En alguna ocasión, has tenido la necesidad de levantarte en mitad de la noche para registrar sobre el papel algunas buenas ideas surgidas de forma espontanea y que de  otra manera hubieran quedado en el olvido?
  • Muchas veces,  muchas veces.( Sonríe)  Yo tengo una libreta y un bolígrafo en mi mesita para eso. La mayoría de las veces cuando estás en la vigilia, en la duermevela y surge esa idea o ese verso que  crees que es maravilloso, sientes la necesidad de escribirlo y te levantas. Sin embargo, a la mañana siguiente ya no te parece ni tan brillante ni tan maravilloso. ( Sonríe)
  • Por último Teresa, ¿cómo se puede llevar a cabo dos empresas tan complicadas y hacerlo tan bien?
  • No sé si lo he hecho tan bien. Lo que si he sentido desde muy joven es que mi proceso de formación lo he vivido con estrépito intenso al haber realizado una carrera tras otra. Unas veces me inclinaba por la educación y otras por la literatura. Y en mi actividad laboral eso se ha mantenido. Había años que mi trabajo tenía un peso  tan brutal que no me dejaba escribir y ni tan siquiera leer.  Otros eran más relajados, en los que me podía dedicar algo más a la poesía. Siempre he estado inmersa en esa vorágine de actividad. Ha sido bonito, tenía dos sitios a los que mirar con mucho entusiasmo pero, por otra parte,  me generaba una sensación de culpa porque pensaba que le estaba quitando tiempo a escribir o por el contrario cuando escribía pensaba que le estaba restando tiempo a la formación de mi  trabajo… y así ha pasado la vida.
  • Y ahora ya jubilada de esa parte profesional de Educadora, ¿la poeta sigue con el mismo ritmo de trabajo que antes? ¿O te has dado algún respiro?
  • No, no, no,  todo lo contrario. La poeta ha cobrado toda su preponderancia, Ya soy poeta y nada más. He intensificado muchísimo mi dedicación a la escritura y a la lectura. Ahora paso básicamente  mi tiempo escribiendo y leyendo tanto poesía como prosa. Lo estoy disfrutando como lectora y como escritora, me llena, me parece un regalo absoluto. A veces me siento como culpable porque pienso: “estoy perfecta, qué suerte tengo, me siento bien, llena de vida, con ganas y también tengo tiempo para atender a los míos y estar con  mi gente”.

La risa y las sonrisas de Teresa  han sido una constante en esta entrevista, dejando entrever una mujer satisfecha y agradecida a la vida.

                                   

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